| 1 cuota de $18.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $18.000 |
| 2 cuotas de $11.005,20 | Total $22.010,40 | |
| 3 cuotas de $7.552,80 | Total $22.658,40 | |
| 6 cuotas de $4.079,40 | Total $24.476,40 | |
| 9 cuotas de $2.993,40 | Total $26.940,60 | |
| 12 cuotas de $2.462,70 | Total $29.552,40 | |
| 24 cuotas de $1.695,22 | Total $40.685,40 |
| 3 cuotas de $7.639,20 | Total $22.917,60 | |
| 6 cuotas de $4.346,10 | Total $26.076,60 |
| 3 cuotas de $7.749,60 | Total $23.248,80 | |
| 6 cuotas de $4.254,30 | Total $25.525,80 | |
| 9 cuotas de $3.183,40 | Total $28.650,60 | |
| 12 cuotas de $2.607,15 | Total $31.285,80 |
| 18 cuotas de $1.907,20 | Total $34.329,60 |
Un extenso linaje crítico nos advierte que una imagen es siempre el resultado de una manipulación, y que por eso no puede nunca ser inocente. La crítica del espectáculo de Debord, las meditaciones de Didi-Huberman sobre cómo nos afectan las imágenes que observamos, y las investigaciones de Farocki sobre las cámaras de uso militar nos recuerdan que el ojo es un campo de batalla, y que el destino de nuestra autonomía se cifra en la capacidad que tengamos para penetrar el sentido de las continuas radiaciones visuales a las que estamos sometidos.
En este conjunto de textos, la videoartista y ensayista Hito Steyerl actualiza estas reflexiones en un contexto en el que la infraestructura de la Web y la telefonía móvil multiplicaron la ubicuidad de las pantallas, y la proliferación de imágenes pareciera haber transformado nuestra vida cotidiana en un efecto de postproducción, un modelado 3D o una composición de After Effects. A lo largo de estos artículos, los bots y trolls que actúan en redes sociales, los renders de video que proyectan la futura valorización inmobiliaria de ciudades bombardeadas, las cámaras GoPro de los soldados yihadistas y un variado arsenal de herramientas digitales son algunos de los índices de una guerra civil disputada a través de imágenes.
Con una lucidez alimentada de paranoia, Steyerl intenta dilucidar los complejos mecanismos a través de los cuales la pulsión destructiva del capital se inscribe en la superficie de las imágenes y le da forma a una nueva institucionalidad artística. Si los museos cosmopolitas y las bienales en países emergentes encarnaban los sueños del capitalismo globalizado, los espacios artísticos convertidos en centros de refugiados y los bunkers offshore que alojan obras de arte como reserva de valor financiero a espaldas del público acaso sean figuras institucionales más adecuadas para un tiempo en el que las promesas liberales se fracturaron arrojándonos a un oscuro escenario de conflictividad global.
